DIALOGOS GEOMETRICOS

De lo matérico en la obra de Héctor Bitar

Si la Arquitectura dota de vida al espacio, la obra de Héctor Bitar vivifica la tela, entendiendo a ésta última como el lugar donde reside la pintura. Por ello, reacciones químicas como catalizaciones, acidificaciones o neutralizaciones, comportamientos físicos como cambios de temperatura y alteraciones estructurales, al igual que otras funciones propias de los materiales describen los complejos procesos físico-químicos de sus piezas. El artista, en este caso también artífice, utiliza desde elementos industriales y sintéticos como, esmaltes, lacas, pegamentos, resinas hasta acrílicos, óleos y pinturas diversas, sin dejar de lado componentes orgánicos como pétalos, fibras naturales y algodones, aún más, llega a incorporar en el lienzo objetos cotidianos o en desuso (object trouvé) como aparatos eléctricos, elementos de plástico o metal, etcétera.

Por lo tanto, además de combinar materias diferentes, mezcla contextos distintos entre sí; el natural o artesanal y el artificial o prefabricado. Sin embargo, a partir del desorden crea el orden. Eso lo consigue por medio de una constante evolución que ha recorrido desde desarrollos conceptuales hasta experimentales. Probablemente la experimentación sea la piedra angular, el cimiento y el cementante de su producción artística. Héctor Bitar es el pintor de la transmutación de la materia, porque la ensaya y la transforma. Sin duda, la razón de ser de sus creaciones es esa modificación, intencional y accidental, esencial y formal de lo matérico. A simple vista podemos percatarnos de que la sustancia de la obra se haya perturbada por el autor.

Héctor Bitar reescribe las estructuras sustanciales y estudia, a escala, las infinitas posibilidades de interacciones entre los materiales cual científico-artesano que sigue al pie de la letra las recetas alquímicas, las fórmulas matemáticas y los teoremas pitagóricos. De tal manera que su trabajo, situado entre la pintura y la escultura, nos hace pensar en el lado estético que proviene de los niveles atómicos, a la par que en la belleza de la perfección y proporción de las trayectorias de las líneas y figuras. Y así lo constatamos en sus múltiples relieves, texturas, densidades, espesores y volúmenes que habitan no solo en la superficie, sino también en lo más recóndito de cada partícula.

En definitiva, los lienzos de Héctor Bitar están vivos, ya que de algún modo absorben, digieren, respiran, se descomponen, se mueven a niveles imperceptibles y se combinan desde lo micro hasta lo macro. Asimismo, obedecen a leyes newtonianas, pero a la vez desafían los modelos cuánticos. No obstante, nos trastornan con sus impactos visuales, nos intrigan con sus geometrías y narraciones algebráicas, nos perturban con su visceralidad y exposición de las entrañas, así como con la manipulación de las formas y los colores...nos pierden a través de sus abstracciones y nos confunden entre sus filamentos, tejidos y vendajes. Es innegable que su arte es meramente contemplativo.